underthegun.sex
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—¿Y bueno, sí qué, Flor?… ¿Te fichó el orto?
—Nada, eso, que estábamos jugando un truco, charlando, tomando unas birras, hacía mucho calor ese día, te acordás que vos te metiste al río y viste una serpiente de agua. Bueno, yo tenía la parte de arriba de la bikini, la celeste que son dos triángulos muy chicos
—y es tu culpa además —lo masturbó más fuerte mientras decía esto último en un tono falsamente caprichoso, beboteando
—Vos me compraste la bikini celeste…y bueno, ahí lo enganché, mirando de lleno las dos lolas en un momento. Hacía un calor en esa cabaña, yo transpiraba y las gotas de sudor me caían por encima de las tetas, entre medio; para colmo, con las cremas que me pongo, el sudor adquirió un aspecto más lechoso, terrible pobre chico —dijo con un tono falsamente serio y juguetón
Martin no podía creer lo que su novia le decía, al mismo tiempo que esto era lo más caliente que había vivido en mucho tiempo.
—Aunque me sorprendió que mire tanto y, como me pareció que no notó que lo había enganchado mirándome, le hice un comentario boludo. Se rió y se puso un poco nervioso.
—¿Qué le dijiste? —dijo Martín con una voz muy baja, apenas audible sobre el ruido de la ducha.
—Nada, una boludez —rió como si recordara algo—. Que si quería que le preste mi bikini, que me la pida, y él… me dijo que yo tenía más para sostener que él. Después, se ve que para desviar el tema y ser más caballeroso, me preguntó por qué elegimos las bikinis las mujeres. A lo que yo le dije que esta no la había elegido yo, que la habías elegido vos, que le habías errado al talle pidiendo a China y que llegó chiquitita. Yo le dije que me gustaba igual, aunque me las agarre poco; después me preguntó de qué tela era, le mostré y ahí quedó. No pasó nada raro.
—¿Le mostraste la tela? ¿Y cómo? —intentó voltear para hablar de frente, más seriamente con Flor, pero esta no lo dejó.
—Nada, yo tenía el short puesto, ese que es corto, pero lo tenía abierto en la parte de adelante, sin cierre y un poco bajo; se me veía la bikini celeste abajo y, para no hacerle tocar la tela finita y chiquita de la parte de arriba —porque te repito, son dos triángulos que sostienen, después es elástico—, le dije que toque la parte de abajo, que ahí tenía más tela.
—¿Pero tocó Florencia? —Intentó traer seriedad, pero Flor lo tenía dominado desde la pija
—Mmm, sí… Me acerqué del otro lado de la mesa, me incliné un poco para adelante levantando las caderas y saqué uno de los costados de la bikini, y con la mano derecha sintió el calor de la tela entre los dedos y un poco de mi piel, pero nada serio.
Martín se mordió el labio de abajo entre bronca y calentura, su imaginación seguía la escena que describía Flor en su cabeza. Hasta desvirtuarse
—Martín, yo te cuento estas cosas porque confío en vos y no quiero empezar a guardarte secretos, no tenés que enojarte, ¿sí? Tampoco es que me manoteó una lola o me llenó la concha de leche.
—Uf, pero bien que hubiera querido —dijo Martín, susurrando para sí, a punto de entrar al éxtasis, viajando en su imaginación.
Florencia, un poco confundida y sintiendo cómo Martín estaba llegando al clímax, arriesgó sin saber con claridad si había oído bien; decidió jugársela, fiel a su naturaleza y aprovechando que su novio estaba caliente.
—Mirá lo dura que la tenés, hace tiempo que no te siento así, y eso que todavía no te conté la otra, esa es peor—le dijo con una voz baja, pausada y caliente, apenas audible para Martín.
Flor notó cómo esto le había puesto la pija como un garrote a Martín; le pareció algo tan nuevo y fascinante cómo su novio podía calentarse con una situación así, sabiendo que tenía tantas historias similares.
—Te contaría, pero me parece que si apenas aguantas que te cuente la de Lucas y mirá cómo te ponés, menos vas a aguantar cuando te cuente la otra, mi amor.
—Contame —fue lo único que alcanzó a decir.
—A ver si te aguantas la leche adentro cuando te cuente lo que hizo tu amigo Franco cuando se cortó la luz hace unos años —dijo riendo, un poco nerviosa por lo jugado de sus palabras, pero sabiendo con seguridad que a Martín lo estaba calentando por encima de lo normal aquella situación.
—¿La de Franco? —repitió, sintiendo que el agua caliente ya no lo abrigaba nada y el pecho se le contraía
—Mmm-hmm —respondió ella con esa voz pausada y juguetona que encendía a cualquiera y a el lo destruía al mismo tiempo—. ¿Estás seguro de que querés saber, qué hizo tu amigo electricista cuando nos quedamos sin luz, hace unos años?
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Escrito por Tatiana Herrera.
Escritora y Hotwife a tiempo completo.
Historia basada en un testimonio real.
Nombres y detalles modificados por discreción.
Escribime al correo privado ([email protected]) y lo armamos juntos.
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